¿De que color es tu casa?
Angel Rivero Palomo
Esa es una de las preguntas que hacen entre sí muchos niños a la hora de hacer sus dibujos en clase, al menos así fue en mi niñez y es en la de mis hijos. Si hoy me hicieran la misma pregunta creo que contestaría que mi casa tiene muchos colores:
Es color brillante lleno de blanco y luz como la arena del caribe cuando amanece y las personas llevan a los frutos de su amor a sus colegios para formar mejores ciudadanos y marchan luego a sus trabajos a construír un mejor futuro.
Es Color esmeralda como la que está derretida en la bahía y nos regala todos los días ese olor a mar y río que nos divide geográficamente pero nos brinda identidad. Mi casa es color verde como la selva profunda que guarda secretos de flora, fauna y arqueología, lo mismo que historias de chicle, aluxes, xtabay y mestizaje. Es color miel como el de la madera que trajo a los exploradores y pobladores; o el mi piel y la de muchos de mis paisanos.
También mi hogar es azul turquesa porque el mar caribe lo llevo en mi ser y en mi pertenencia a esta tierra que muchas veces es también isla. Este color es especial porque a la vez de cautivarnos con su belleza y bondades; al igual que a muchos visitantes, nos impone el reto de ser muy responsables cuando nos olvidamos de los colores rojo, amarillo que tan sagrados eran para los mayas y que encontramos en esas bellas telas bordadas por manos llenas de historia, trabajo y paciencia; nos obliga a ser cuidadosos cuando olvidamos que nuestra identidad es uno de los legados principales como seres humanos.
Mi casa tiene tantos colores como las banderas de quienes han visto en Quintana Roo un lugar para soñar despiertos; mi tierra es color dorado como sus atardeceres inigualables llenos de brisa aun en los días más egoístas. Mi hogar es plata como la luna llena que muchas veces no se quiere ir hasta que el sol reclama su lugar.
Nuestro hogar tiene colores invisibles pero que se perciben al interior de nuestros hogares cuando sentimos pasar el viento de los huracanes y que cuando salimos al día siguiente podemos asimilar cuando llega la hora de reconstruír. Es entonces cuando observamos somos nosotros mismos los que damos color a nuestra casa. Es entonces que concluímos que los niños pintarán en sus colegios los colores que nosotros les enseñemos.
Pintemos un mejor Quintana Roo!















El vehículo que hace posible la formación de ciudadanos es la educación. El papel de los ciudadanos en los sistemas democráticos, la importancia de las libertades y las garantías individuales. Para ello, la ética es fundamental. “Enseñar ética es enseñar a razonar moralmente, empleando principios éticos de fundamentación de los valores de las normas. Es enseñar a resolver, por el diálogo argumentativo, los conflictos de valores. Es enseñar a respetar las diferencias, y a construir proyectos comunes… basados en los principios racionales y el diálogo argumentativo…Es aprender a moverse en el juego de las reglas de la democracia y el pluralismo, aprender a comprometerse con los valores críticamente asumidos; es aprender la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace; es poder encontrarse como sujeto libre y digno desde el deseo individual y desde los roles sociales”. (Cullen, 1997: 204).
